miércoles, 21 de noviembre de 2007

Un rincón de paz entre Córdoba y Corrientes



El Banderín es un café que está, desde hace muchísimos años, en el lugar indicado. Porque Billinghurst y Guardia Vieja es una de esas esquinas porteñas que aprietan de calidez, sobre todo en las noches de verano. Y un café tan íntimo, tan de uno, merece estar allí.



Tiene un toque de distinción, que es lo primero que salta a la vista apenas uno se asoma: sus paredes están enteramente forradas de banderines de fútbol, algunos de antaño, que a pesar de estar desteñidos inundan al ambiente de todos los colores. Pero guarda este lugar otro secreto: es un rincón de enormes ventanales, que nacen al ras de las mesas y permiten la plena visión de sus calles de empedrado. Por allí se cuela una brisa que, cuando pega en la cara, se asemeja bastante a la libertad.



Este café, que está desde siempre, fue declarado uno de los notables de la ciudad. Bien se puede encargar allí cerveza o vermouth para acompañar una picada pero, como ya lo aclara su página de internet: “No hay minutas, no insista”.



En cambio, hay garantía de tango en las noches. Pero no aquel que produce choque y distancia entre generaciones, sino un tango único. Una melodía armoniosa que de ninguna forma puede causar rechazo. Quizá porque es la cuota justa de suavidad que piden esas horas, para descansar de las de antes; o quizá porque uno va predispuesto a encontrarse, y esos acordes acompañan. Como sea, El Banderín es una cajita musical, en Billinghurst y Guardia Vieja.

Facundo Baños, Guin Basnight.

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