miércoles, 21 de noviembre de 2007

yira yira

boomp3.com

Un rincón de paz entre Córdoba y Corrientes



El Banderín es un café que está, desde hace muchísimos años, en el lugar indicado. Porque Billinghurst y Guardia Vieja es una de esas esquinas porteñas que aprietan de calidez, sobre todo en las noches de verano. Y un café tan íntimo, tan de uno, merece estar allí.



Tiene un toque de distinción, que es lo primero que salta a la vista apenas uno se asoma: sus paredes están enteramente forradas de banderines de fútbol, algunos de antaño, que a pesar de estar desteñidos inundan al ambiente de todos los colores. Pero guarda este lugar otro secreto: es un rincón de enormes ventanales, que nacen al ras de las mesas y permiten la plena visión de sus calles de empedrado. Por allí se cuela una brisa que, cuando pega en la cara, se asemeja bastante a la libertad.



Este café, que está desde siempre, fue declarado uno de los notables de la ciudad. Bien se puede encargar allí cerveza o vermouth para acompañar una picada pero, como ya lo aclara su página de internet: “No hay minutas, no insista”.



En cambio, hay garantía de tango en las noches. Pero no aquel que produce choque y distancia entre generaciones, sino un tango único. Una melodía armoniosa que de ninguna forma puede causar rechazo. Quizá porque es la cuota justa de suavidad que piden esas horas, para descansar de las de antes; o quizá porque uno va predispuesto a encontrarse, y esos acordes acompañan. Como sea, El Banderín es una cajita musical, en Billinghurst y Guardia Vieja.

Facundo Baños, Guin Basnight.

martes, 20 de noviembre de 2007

Bravo vs. Etchecolatz

Diez años después

En 1997 y en su programa Hora Clave, el periodista Mariano Grondona invitó al socialista Alfredo Bravo y al ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz para debatir, si es que una escenografía y un estudio televisivo pudieran permitirlo, sobre la última dictadura militar. Torturado y torturador, secuestrado y secuestrador, víctima y victimario; de izquierda a derecha, el conductor situó en una misma línea, bajo un mismo techo y una igual consigna a dos que no van a unirse nunca más. Tal vez por la necesidad de libertad de palabra que urge a quien ve silenciada su ideología de la manera más cruel, la de la persecución, tal vez por la ignorancia más plausible, los dos aceptaron su participación. La pregunta, sin embargo, le cabe al personaje intelectual, al ideólogo, al creador. Mariano Grondona ¿Por qué?


Sumar audiencia tiene que quedar fuera de análisis. Sería muy simple. El Grondona del mea culpa expuso todos los elementos necesarios para hacer creer a los televidentes que su lado era junto a Bravo. Callando a la mano derecha de Ramón Camps, dándole el pie para responder las mayores idioteces oídas- ¿Quién lo liberó a usted Bravo? ¡Massera!-, creando el escenario perfecto para que el discurso de un asesino fuera, lastimosamente, risible. En el medio, la teoría de los dos demonios y un libro que habla de una campana que nunca sonará pero que Mariano Grondona hizo sonar esa noche. Miguel Etchecolatz, condenado a 23 años de prisión por violación a los Derechos Humanos- desaparición de personas, secuestro, muerte-, y salvado por una maldita ley de obediencia debida, quedó ante nosotros- porque diez años después seguimos siendo los mismos-, como un insano, un deficiente al hablar, un tipo que confunde al maestro con el profesor y le grita-¡le grita!-, a su propia víctima asesino porque creyó en que el sistema podía ser diferente.


Grondona ocupó el lugar del mediador, del árbitro de un partido de fútbol y la hinchada se olvidó de tirarle huevazos al final del partido. Se olvidó Graciela Fernández Meijide, no tanto Miguel Bonasso, se olvidó Héctor Timmerman, no se olvidó el ex militar arrepentido que surcó la reconciliación que pretende un asesino. Se olvidó Grondona de los principios de un periodista ante la realidad, ante la verdad, ante el compromiso; o nunca los tuvo. Se equivocó Grondona pero no ante su platea derecha, ante su posición que nunca cambió y que supo desdibujar con un por mi culpa, por mi culpa, por su gran culpa. No se equivocó Grondona: fue fiel a su propia vorágine y ese fue su motivo, su razón, su por qué para seguir llamando comisario a quien fuera destituido de la Fuerza por crímenes de lesa humanidad. Hoy Miguel Osvaldo Etchecolatz cumple prisión perpetua por seis asesinatos y dos secuestros. Hoy Julio López, testigo principal de la investigación que lo condenó, continúa desaparecido. No se equivocó, en su lógica, Mariano Grondona ¿Nos equivocamos nosotros?

María Constanza Heller, Guin Basnight.

Historia del Bolero

La música nos representa: describe un momento en la historia, un lugar, su gente, sus colores, su manera de hablar, de pensar, de opinar. Hay canciones que nos hablan de guerras, de desapariciones, de soledades, de exilios; y hay canciones que nos hablan de amor en todas sus formas. Para eso nació el género romántico por definición y cadencioso por interpretación. En España, primero, y en Cuba, después, trovadores del pueblo representaron a su gente y cantaron boleros.

De raíces españolas y reinventado en varios países hispanoamericanos de la cuenca del Caribe, el bolero cumplió, en 1985, su primer centenario. El investigador cubano, Abelardo Hall Estrada, recordó que el primer bolero que se conoció en Cuba, y específicamente en Santiago, fue Tristezas, compuesto por un sastre de profesión con muy buena clientela que no tuvo ninguna formación musical académica y cuyo conocimiento en la materia le vino, sólo, de su intuición. Se llamó José Pepe Sánchez o “El maestro” como lo llamaron los santiaguetistas. Con motivo del aniversario, se originaron diferentes espectáculos en el continente americano para promover esta música. En Cuba se institucionalizó en 1986 el festival Boleros de Oro; en Méjico se organizó también un festival internacional y en Colombia, donde nunca ha perdido vigencia, se promovieron espectáculos en Bogotá y en otras ciudades; Panamá, Perú, Venezuela y Puerto Rico siguieron también el ejemplo.

Siglo XIX, Santiago de Cuba; en ese momento y en esa ciudad llena de historia nació el bolero para llenarse también de su misma historia. Fue la primera capital de Cuba desde su fundación en 1515 y hasta 1556. Atacada en tiempos de corsarios, piratas y filibusteros que buscaban las riquezas heredadas por este territorio, es conocida como la Ciudad Héroe por el apoyo de su pueblo a las gestas libertarias de los cubanos. Cuando el 24 de febrero de 1895 se reinició la Guerra de Independencia, Santiago respondió al primer grito revolucionario que dio fin al dominio colonial español e inmortalizó la vida de José Julián Martí Pérez, “el Apóstol”. ¡Viva Cuba Libre!, se oyó vitorear por esos días.

Don años antes del proceso independentista cubano, Laureano Fuentes, un músico y aficionado a las letras, publicó Las artes en Santiago de Cuba. En uno de sus artículos dice que la ciudad tenía por esos años diez o doce orquestas de baile, entre ellas la de Rafael Robinson, especialista en danzones y la de Varona. La mayor parte de las danzas de estas orquestas eran muy atronadoras, con una admirable proposición musical aunque descuidadas en la instrucción del arte. Los boleros eran cantados por aquellos trovadores que, acompañados de guitarras, entonaban sus canciones en las serenatas y también en las peñas. Después del trabajo cotidiano, obreros y artesanos participaban de estas reuniones donde cantautores y guitarristas se acoplaban indistintamente en dúos, tríos o cuartetos, para crear o interpretar las canciones. De esta forma se conocieron los dúos de Floro y Miguel, Juan Cruz y Bienvenido León; María Teresa Vera y Rafael Zequeira; Tata Villegas y Pancho Majagua; Sindo Garay y sus hijos Hatuey y Guarioné, que cantaban obras de algunos de ellos y también de Manuel Corona, Alberto Villalón, Patricio Vallagas, Rosendo Ruiz, Miguelito Campanioni, Rafael Gómez, Teofilito Emiliano Blez y, claro, el primer bolerista, Pepe Sánchez.

Por aquellos años del siglo XIX, el bolero vivió su etapa de formación y estructuración. No existía entonces una forma precisa en cuanto a la estructuración tonal en la que se componía la canción; podía ser en cuanto al modo mayor o menor o combinando ambas modalidades. El bolero Tristezas, por ejemplo, comprendía dos períodos musicales de 16 compases cada uno, separados por un pasaje instrumental que se ejecutaba melódicamente en la guitarra, al que le llamaban pasacalle. Pobre artista, Cuando oí la expresión de tu canto, Cuba mi patria querida, Elvira, La Esperanza, Adán y Eva, Ángeles y redondillas, Cristinita, Manena, Cuando escucho tu voz, Pura, Te vi, te amé, Cuba libre y El himno a Maceo fueron otras obras de Sanchez, entre boleros y guarachas.


Siglo XX, cambalache

A finales del siglo XIX y a comienzos del XX, los trovadores del oriente cubano comenzaron a emigrar hacia La Habana en busca de mejores condiciones de vida. Y por unas monedas cantaban en los cafés, restaurantes y, si estaban bien vestidos, encontraban la oportunidad de presentarse en los teatros amenizando los intermedios de las películas mudas de entonces. Uno de estos trovadores hizo historia: Sindo Garay.

Antonio Gumersindo Garay y García era su nombre de pila y había nacido, como él decía, por donde nace el sol, en Santiago de Cuba el 12 de abril de 1867. Corría por sus venas sangre india, china, negra y, además, era feísimo: bastante moreno, de regular estatura, delgado y bizco. Pero de una genialidad musical increíble. Compuso páginas musicales que el mismo maestro Lecuona encontraba admirables en un hombre que había aprendido a leer ya adulto, leyendo los avisos de los almacenes en Santiago y preguntando cómo se pronunciaban aquellas palabras... y que, por consiguiente, tampoco tenía el más mínimo conocimiento de la escritura musical. Su vida artística la inició en el movimiento trovadoresco que surgió a finales del siglo pasado con Pepe Sánchez, que fue su maestro de guitarra, Manuel Corona, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz. Su vida fue un constante peregrinar como maromero de circos y como trovador. Recorrió la isla en varias oportunidades y también República Dominicana y Haití, sembrando sus canciones y el camino del bolero hacia América.


El bolero rioplatense

La irradiación musical de Cuba se hizo sentir no sólo con el bolero sino con el son, el danzón, la guaracha, el mambo y el cha-cha-chá, entre otros. Así los países que se vieron bañados por el mar Caribe asumieron pronto como propio el producto que Cuba les daba de contrabando entre la década de 1920 y 1930. Eso permitiría la fusión y el engrandecimiento del bolero con otros géneros musicales, dándose como resultados los subgéneros: bolero rítmico, bolero cha-cha-chá, bolero mambo, la bachata o bolero dominicano, el bolero ranchero que es una mezcla de bolero y mariachí mexicano y el bolero moruno con acopes gitanos e hispánicos.

Hubo, sin embargo, otro hecho que contribuyó al ascenso del bolero por los países latinoamericanos y rioplatenses en especial: la inesperada muerte del rey del tango, Carlos Gardel, en 1935, que dejó a dicho género musical sin su voz de mando. El afán por el tango tras la muerte de su mejor exponente, le dio al bolero su oportunidad.

La era de los tríos de guitarra, las grandes orquestas tropicales que incursionaban en el bolero, las orquestas al estilo big band y, finalmente, verdaderas orquestas sinfónicas, darían forma al acompañamiento musical del bolero que entre 1935 y 1965 dominó el espectro musical latinoamericano, valiéndose de los recursos comunicativos de la época: primero la radio y los programas en vivo, luego los discos, después el cine y, por último, la televisión. El proceso no dejó a nadie de la región afuera: Cuba y México se convirtieron en las mecas y centros artísticos, y artistas de toda la región participaron y se destacaron; desde Puerto Rico, Venezuela, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, hasta Brasil y, otra vez, España.


La integración que desintegra

América Latina rompió su relativo aislamiento cultural después de la segunda guerra mundial y se integró a un mundo competitivo y cosmopolita de influencias.

La balada pop vino a ocupar el puesto de lo «romántico», que antes tenía indiscutiblemente el bolero y el rock and roll, la salsa brava y el merengue hicieron lo propio con las guarachas y el cha cha cha. No se trató del fin del bolero pero sí quedó relegado a sus exponentes originales y a sus fanáticos de siempre. De todas maneras, el tono romántico de estas nuevas melodías estuvo influenciado por este género: Armando Manzanero componía baladas que eran boleros y Marco Antonio Muñíz confesaba en entrevistas a la prensa que lo que siempre interpretó en lo romántico eran boleros sólo que los acompañaba musicalmente como baladas pop. Así la resurrección en voz de Luis Miguel fue también consecuencia de un ambiente previo plagado de romanticismo, que era indiscutiblemente heredero de las glorias doradas de una música que, alguna vez, supo representar a su pueblo.



María Constanza Heller, Guin Basnight.

Hola, soy Connie

Autobiografía a partir del pelo


¿Por qué me corté el pelo? Todavía no lo sé.


Sé, sin embargo, que siempre lo llevé largo, morocho, tupido, bajos los hombros y casi hasta la cintura; desde que nací democráticamente en mayo de 1983 hasta que un sábado pasado lo dejé caer. Largo también me vio crecer en la casa eternamente familiar de Caballito, a metros del Cid Campeador y a unos más del bilingüe Santa Brígida donde, camionetas más, camionetas menos, e igual que ayer, crispan sus nervios madres de casa cuando ven a sus hijos rodeados por la inmensidad del imperio del sol –la vi en una clase de inglés, de historia, en ese mismo lugar de enseñanza privada a días de mis 17.


Cola de caballo, media cola, rodete fueron opciones que fui barajando en la facultad cuando empecé el primer año de la carrera que debo –siempre es más que quiero-, terminar. Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, cuatro años atrás. Abandoné, tuve que abandonar, cuando y de repente, el término remuneración se volvió pilar por aquellos meses y esa misma casa familiar comenzó a perder su eternidad. Se derrumbó y hoy la parada del 84 en la esquina de Honorio Pueyrredón, la mira extraña ante un monumento de pisos y pisos que nada tienen que ver con la propia historia.


Con el mismo pelo largo, morocho, tupido, bajos los hombros, casi hasta la cintura y a veces con forma de cola de caballo, otras de media cola, otras de rodete, conocí otra casa. Y una más - no creo sea la última-, donde desde hace seis meses convivo con tres mujeres fuertes en mi vida: una de ochenta y tres, otra de cincuenta y cuatro y otra de diecisiete. Las tres de pelo largo; o al menos, por estos días, más largo que el mío.


Cerca de los veinticuatro –número tan trágico como feliz cuando alcanza la memoria-, y en mi último año de una carrera que elegí porque sí, llevo el pelo corto, por arriba de los hombros y a remotos milímetros de mi cintura. Sé, sin embargo, que aún me falta saber por qué.



María Constanza Heller

martes, 13 de noviembre de 2007

La revolución es un sueño eterno

Soy Castelli

A través de la Revolución es un sueño eterno, Andrés Rivera novela la biografía del orador de la revolución de mayo de 1810 y permite un análisis de los ciclos recurrentes de la Historia Argentina. Muestra en detalle a Juan José Castelli, derrotado, con una capa que huele a bosta y sangre y con un corto muñón purulento por lengua luego de la extirpación de un tumor en la boca del hombre que no podía callarse nada: dato de un síntoma, fácilmente analizable desde el psicoanálisis. Dato utilizado por el autor como puntapié para la concepción de este relato.


En un cuarto sin ventanas, aislado y juzgado, Castelli analiza retrospectivamente en un cuaderno de tapas rojas sus logros y miserias e indagando las épocas conflictivas y turbulentas junto a su primo Belgrano, Monteagudo y Mariano Moreno.

Un cúmulo de recuerdos en los que, el representante de la Primera Junta en el ejército que marchó hacia el Norte para liberar a los pueblos y enarbolar donde fuese la bandera de la igualdad, intercala los días revolucionarios, combates independentistas, el duelo con el contrarrevolucionario Liniers, las lealtades de Belgrano, Moreno, Segundo Reyes hasta su periplo para buscar a una mulata amada llamada Belén en manos de un inglés.


Andrés Rivera es el seudónimo que Marco Ribak eligió cuando trabajaba en una empresa clandestina y no podía utilizar su nombre original para escribir. Nació en 1928 en Buenos Aires, fue obrero textil y periodista. En 1964 fue expulsado del Partido Comunista, se alejó de las cuestiones partidarias y eligió la escritura para canalizar su ideología política. Siempre erigiendo a la clase obrera como lugar de pertenencia escribe su primer novela “El precio”, luego “Sol de Sábado”, “Los que no mueren” y en 1987 crea “La Revolución es un sueño eterno”, novela con la que recibió el Premio Nacional de Literatura cinco años después. Actualmente vive en la localidad de Bella Vista, Córdoba, se encarga de las clases de teatro y literatura que brindan en una biblioteca popular creada por él.




¿Qué Revolución compensará las penas de los hombres? Se pregunta Rivera hacia el final y no es un guiño azaroso. Su intención es ubicar un paralelismo con la actualidad e invita a observar la historia de un personaje justo y honesto: al final Rivera detalla un inventario en el que Castelli revela su austeridad a la hora de morir. Rivera exponer una historia donde se destacan una escritura condensada, exacta y de alto contenido simbólico. La Revolución... es un viaje necesario, una aproximación a la “verdad histórica” y una invitación a recurrir a textos históricos para ampliar datos sobre un personaje fascinante.
Una obra maravillosa y compacta.


Juan Manuel Varela, Facundo Baños.

Disco Talismán

SKAY BEILINSON

EL GOURMET DEL ROCK


“Callejón, nunca tuviste las vidrieras ni las luces de neón”, canta Skay Beilinson en Flores Secas, una de las perlas de su segundo disco Talismán grabado en el 2004. Y este callejón parece ser el camino que atraviesa quien fuera uno de los pilares de la dupla creativa de los Redondos hasta su disolución por tiempo indeterminado. Es verdad, la etapa solista de Skay, reafirmada en este disco sucesor al debut con A través del mar de los Sargazos, no tiene las luces de neón aportadas por el vuelo literario del Indio Solari, pero lo que pierde en letras intrincadas y de complicada comprensión lo gana en la simpleza de los relatos y en consistencia rockera fácilmente comprobable en temas como El golem de Paternal o El Gourmet del Infierno.



En este segundo disco Skay vuelve a los riffs contundentes que transportan a las épocas ricoteras de Lobo Suelto, Cordero Atado pero también coquetea con instrumentos no utilizados en sus etapas anteriores como la utilización de gaitas en Dragones, o el acompañamiento de una voz lírica en el apocalíptico tema Presagio. Una mezcla entre la formula rockera ya probada y la búsqueda de nuevos sonidos.



La nostalgia por épocas sociales y políticas pasadas (Abalorios), un himno anarquista (Paria), más unas cuantas historias urbanas como (La ley del embudo) son las coordinadas de los mensajes transmitidos por Skay en sus letras.



En la época donde el rock argentino es repetitivo o se desvirtúa hacia el pop comercial, Skay revela con su Talismán que con canciones simples, letras concisas y arreglos contundentes, quien quiera escuchar rock, siempre tendrá en Beilinson un tesoro auténtico que parece ser inagotable.

Juan Manuel Varela.