martes, 20 de noviembre de 2007

Historia del Bolero

La música nos representa: describe un momento en la historia, un lugar, su gente, sus colores, su manera de hablar, de pensar, de opinar. Hay canciones que nos hablan de guerras, de desapariciones, de soledades, de exilios; y hay canciones que nos hablan de amor en todas sus formas. Para eso nació el género romántico por definición y cadencioso por interpretación. En España, primero, y en Cuba, después, trovadores del pueblo representaron a su gente y cantaron boleros.

De raíces españolas y reinventado en varios países hispanoamericanos de la cuenca del Caribe, el bolero cumplió, en 1985, su primer centenario. El investigador cubano, Abelardo Hall Estrada, recordó que el primer bolero que se conoció en Cuba, y específicamente en Santiago, fue Tristezas, compuesto por un sastre de profesión con muy buena clientela que no tuvo ninguna formación musical académica y cuyo conocimiento en la materia le vino, sólo, de su intuición. Se llamó José Pepe Sánchez o “El maestro” como lo llamaron los santiaguetistas. Con motivo del aniversario, se originaron diferentes espectáculos en el continente americano para promover esta música. En Cuba se institucionalizó en 1986 el festival Boleros de Oro; en Méjico se organizó también un festival internacional y en Colombia, donde nunca ha perdido vigencia, se promovieron espectáculos en Bogotá y en otras ciudades; Panamá, Perú, Venezuela y Puerto Rico siguieron también el ejemplo.

Siglo XIX, Santiago de Cuba; en ese momento y en esa ciudad llena de historia nació el bolero para llenarse también de su misma historia. Fue la primera capital de Cuba desde su fundación en 1515 y hasta 1556. Atacada en tiempos de corsarios, piratas y filibusteros que buscaban las riquezas heredadas por este territorio, es conocida como la Ciudad Héroe por el apoyo de su pueblo a las gestas libertarias de los cubanos. Cuando el 24 de febrero de 1895 se reinició la Guerra de Independencia, Santiago respondió al primer grito revolucionario que dio fin al dominio colonial español e inmortalizó la vida de José Julián Martí Pérez, “el Apóstol”. ¡Viva Cuba Libre!, se oyó vitorear por esos días.

Don años antes del proceso independentista cubano, Laureano Fuentes, un músico y aficionado a las letras, publicó Las artes en Santiago de Cuba. En uno de sus artículos dice que la ciudad tenía por esos años diez o doce orquestas de baile, entre ellas la de Rafael Robinson, especialista en danzones y la de Varona. La mayor parte de las danzas de estas orquestas eran muy atronadoras, con una admirable proposición musical aunque descuidadas en la instrucción del arte. Los boleros eran cantados por aquellos trovadores que, acompañados de guitarras, entonaban sus canciones en las serenatas y también en las peñas. Después del trabajo cotidiano, obreros y artesanos participaban de estas reuniones donde cantautores y guitarristas se acoplaban indistintamente en dúos, tríos o cuartetos, para crear o interpretar las canciones. De esta forma se conocieron los dúos de Floro y Miguel, Juan Cruz y Bienvenido León; María Teresa Vera y Rafael Zequeira; Tata Villegas y Pancho Majagua; Sindo Garay y sus hijos Hatuey y Guarioné, que cantaban obras de algunos de ellos y también de Manuel Corona, Alberto Villalón, Patricio Vallagas, Rosendo Ruiz, Miguelito Campanioni, Rafael Gómez, Teofilito Emiliano Blez y, claro, el primer bolerista, Pepe Sánchez.

Por aquellos años del siglo XIX, el bolero vivió su etapa de formación y estructuración. No existía entonces una forma precisa en cuanto a la estructuración tonal en la que se componía la canción; podía ser en cuanto al modo mayor o menor o combinando ambas modalidades. El bolero Tristezas, por ejemplo, comprendía dos períodos musicales de 16 compases cada uno, separados por un pasaje instrumental que se ejecutaba melódicamente en la guitarra, al que le llamaban pasacalle. Pobre artista, Cuando oí la expresión de tu canto, Cuba mi patria querida, Elvira, La Esperanza, Adán y Eva, Ángeles y redondillas, Cristinita, Manena, Cuando escucho tu voz, Pura, Te vi, te amé, Cuba libre y El himno a Maceo fueron otras obras de Sanchez, entre boleros y guarachas.


Siglo XX, cambalache

A finales del siglo XIX y a comienzos del XX, los trovadores del oriente cubano comenzaron a emigrar hacia La Habana en busca de mejores condiciones de vida. Y por unas monedas cantaban en los cafés, restaurantes y, si estaban bien vestidos, encontraban la oportunidad de presentarse en los teatros amenizando los intermedios de las películas mudas de entonces. Uno de estos trovadores hizo historia: Sindo Garay.

Antonio Gumersindo Garay y García era su nombre de pila y había nacido, como él decía, por donde nace el sol, en Santiago de Cuba el 12 de abril de 1867. Corría por sus venas sangre india, china, negra y, además, era feísimo: bastante moreno, de regular estatura, delgado y bizco. Pero de una genialidad musical increíble. Compuso páginas musicales que el mismo maestro Lecuona encontraba admirables en un hombre que había aprendido a leer ya adulto, leyendo los avisos de los almacenes en Santiago y preguntando cómo se pronunciaban aquellas palabras... y que, por consiguiente, tampoco tenía el más mínimo conocimiento de la escritura musical. Su vida artística la inició en el movimiento trovadoresco que surgió a finales del siglo pasado con Pepe Sánchez, que fue su maestro de guitarra, Manuel Corona, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz. Su vida fue un constante peregrinar como maromero de circos y como trovador. Recorrió la isla en varias oportunidades y también República Dominicana y Haití, sembrando sus canciones y el camino del bolero hacia América.


El bolero rioplatense

La irradiación musical de Cuba se hizo sentir no sólo con el bolero sino con el son, el danzón, la guaracha, el mambo y el cha-cha-chá, entre otros. Así los países que se vieron bañados por el mar Caribe asumieron pronto como propio el producto que Cuba les daba de contrabando entre la década de 1920 y 1930. Eso permitiría la fusión y el engrandecimiento del bolero con otros géneros musicales, dándose como resultados los subgéneros: bolero rítmico, bolero cha-cha-chá, bolero mambo, la bachata o bolero dominicano, el bolero ranchero que es una mezcla de bolero y mariachí mexicano y el bolero moruno con acopes gitanos e hispánicos.

Hubo, sin embargo, otro hecho que contribuyó al ascenso del bolero por los países latinoamericanos y rioplatenses en especial: la inesperada muerte del rey del tango, Carlos Gardel, en 1935, que dejó a dicho género musical sin su voz de mando. El afán por el tango tras la muerte de su mejor exponente, le dio al bolero su oportunidad.

La era de los tríos de guitarra, las grandes orquestas tropicales que incursionaban en el bolero, las orquestas al estilo big band y, finalmente, verdaderas orquestas sinfónicas, darían forma al acompañamiento musical del bolero que entre 1935 y 1965 dominó el espectro musical latinoamericano, valiéndose de los recursos comunicativos de la época: primero la radio y los programas en vivo, luego los discos, después el cine y, por último, la televisión. El proceso no dejó a nadie de la región afuera: Cuba y México se convirtieron en las mecas y centros artísticos, y artistas de toda la región participaron y se destacaron; desde Puerto Rico, Venezuela, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, hasta Brasil y, otra vez, España.


La integración que desintegra

América Latina rompió su relativo aislamiento cultural después de la segunda guerra mundial y se integró a un mundo competitivo y cosmopolita de influencias.

La balada pop vino a ocupar el puesto de lo «romántico», que antes tenía indiscutiblemente el bolero y el rock and roll, la salsa brava y el merengue hicieron lo propio con las guarachas y el cha cha cha. No se trató del fin del bolero pero sí quedó relegado a sus exponentes originales y a sus fanáticos de siempre. De todas maneras, el tono romántico de estas nuevas melodías estuvo influenciado por este género: Armando Manzanero componía baladas que eran boleros y Marco Antonio Muñíz confesaba en entrevistas a la prensa que lo que siempre interpretó en lo romántico eran boleros sólo que los acompañaba musicalmente como baladas pop. Así la resurrección en voz de Luis Miguel fue también consecuencia de un ambiente previo plagado de romanticismo, que era indiscutiblemente heredero de las glorias doradas de una música que, alguna vez, supo representar a su pueblo.



María Constanza Heller, Guin Basnight.

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